Llega por la calle que lleva el nombre del arquitecto Jacques-Germain Soufflot (1713-1780). La iglesia que ideó se alza majestuosa en la cima de una pequeña colina, la montaña Sainte-Geneviève. Aún no ha entrado y las matemáticas ya le hacen un guiño: observe el frontón triangular de David d’Angers, de 1837. En el centro, la Patria, ayudada por la Libertad y la Historia (alada), recompensa a los grandes hombres. A la derecha, los militares, con sus diversos uniformes, y Bonaparte con atuendo republicano. A la izquierda, la sociedad civil, con Voltaire y Rousseau sentados, pero también matemáticos (Gaspard Monge en primera fila, Pierre-Simon, marqués de Laplace, en segunda). Si tiene buena vista (o un teleobjetivo), incluso podrá distinguir a estudiantes que se afanan con ejercicios de geometría en los ángulos agudos de este triángulo isósceles.
Descartes sigue sin ser trasladado
!img1Gaspard Monge y Pierre-Simon de Laplace.
Es hora de entrar: la majestuosa nave, los teselados del suelo o de la cúpula darían pie a observaciones matemáticas, pero no es eso lo que hace único al lugar. Dirijámonos a la cripta, dejando de lado frescos, columnatas y esculturas (aunque echemos un vistazo a los enciclopedistas, que no desdeñaban las matemáticas), e incluso el péndulo de Foucault, que reproduce el experimento de 1851.