A partir de 1868, con el advenimiento de la era Meiji (1868-1912), Japón experimenta una profunda transformación. Tras más de 200 años de aislamiento (relativo), los estadounidenses obligan a los japoneses a abrir sus fronteras comerciales. Para ocupar un lugar destacado en el concierto de las naciones, las autoridades no tienen más opción que embarcar al país en un movimiento general de modernización. En este contexto, la enseñanza de las matemáticas experimenta una transformación profunda. El wasan (las matemáticas tradicionales japonesas desarrolladas durante la época de Edo, 1603-1868, véase el artículo «El wasan o las matemáticas de la época de Edo») se abandona en favor de las matemáticas occidentales, llamadas yōsan.

Retrato del emperador Meiji (Meiji Tennō, reinado: 1867-1912)

por Edoardo Chiossone en 1888.
Pero, en aquella época, introducir nuevos conocimientos matemáticos procedentes de Occidente no se reduce a traducirlos. Es preciso replantear la enseñanza dentro de un sistema educativo que también está siendo reformado y adaptar la lengua japonesa para que se ajuste a la nueva naturaleza de los enunciados. Los matemáticos que desempeñan un papel en esta transformación deben cambiar su manera de razonar y redactar rápidamente manuales cuya forma también evoluciona con las técnicas de impresión. Se trata, por tanto, de una revolución completa, en la encrucijada de la historia de las matemáticas, la enseñanza y la lengua.