Durante casi dos siglos pudieron verse en los templos y santuarios religiosos japoneses tablillas de madera pintadas y colgadas, que representaban teoremas de geometría. Estas, ilustradas con figuras de gran belleza y conocidas como san gaku, eran ofrecidas a las divinidades por matemáticos o por sus alumnos, aunque a veces también por gente corriente.
Un país replegado sobre sí mismo
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En 1635, el gobierno del shogun, poderoso señor feudal que entonces mantenía bajo tutela al mikado, emperador de Japón, prohibió a todo japonés viajar al extranjero bajo pena de muerte. Cuatro años después, en 1639, para contrarrestar la acción de los jesuitas cristianos que querían evangelizar el país, ese mismo gobierno rompió toda relación con Portugal y España, que comerciaban desde hacía mucho tiempo en aquellas tierras. Solo se autorizó a neerlandeses y chinos a continuar sus relaciones comerciales con Japón, con la condición de que sus barcos atracaran en una isla artificial frente al puerto de Nagasaki (Kyushu). Además, se restringió drásticamente el número de barcos extranjeros autorizados cada año.
Durante la mayor parte del período que siguió, denominado período Edo (1603‒1867) —Edo era el antiguo nombre de la ciudad de Tokio—, Japón vivió replegado sobre sí mismo y casi totalmente aislado del resto del mundo. Los libros, y en particular los de matemáticas, dejaron de entrar en Japón. Solo unos pocos tratados extranjeros habían logrado penetrar entonces en el país; entre ellos, el más importante era la obra principal, redactada en 1261, del matemático chino Yang Hui (hacia 1238‒1298), que Seki Takakazu (hacia 1640‒1708) traduciría al japonés en 1661.
Salvo la influencia de esta obra del siglo 13.º, las matemáticas japonesas se desarrollaron de forma aislada durante más de un siglo y medio. Estas matemáticas, conocidas como wasan, son muy diferentes de las del mundo occidental. Se presentan como un catálogo de procedimientos algorítmicos que permiten resolver paso a paso un gran número de problemas. Para elaborar estos procedimientos, Takakazu imaginaría los primeros fundamentos de lo que se convertiría en la teoría de los determinantes. También trabajaría en métodos de aceleración de la convergencia y en los números de Bernoulli.