Durante el período Edo (1603‒1867), unos extraños paneles colgaban a la entrada de ciertos templos budistas o sintoístas de Japón. En ellos podía encontrarse un acertijo geométrico por resolver. Son los famosos sangaku (literalmente, «tablillas matemáticas»). Han llegado hasta nosotros o están documentados unos novecientos sangaku.
El problema geométrico planteado suele constituir un verdadero desafío, no por los conocimientos que requiere, sino por la complejidad de las soluciones, que a veces se extienden a lo largo de varias páginas!
El aspecto estético nunca se descuida: se emplean colores y, en general, las figuras grabadas revelan un exquisito sentido de la armonía o de la elegancia. La idea de tangencia está omnipresente en los sangaku.
Se requieren pocos conocimientos -----------------------------
Lo que fascina a los matemáticos aficionados —y también a los profesionales— de los sangaku es la escasez de conocimientos necesarios: el teorema de Pitágoras es imprescindible, al igual que los casos de semejanza de triángulos. También resultan útiles la ley de los senos (véase el recuadro), el cálculo de áreas, la resolución de ecuaciones de segundo grado y la noción de inversión respecto de una circunferencia. Sin embargo, es difícil saber cómo entendían estas nociones los matemáticos japoneses de la época.