El Código X es un compendio de reglamentos, de espíritu estudiantil y burlón, establecidos por los alumnos para mantener las tradiciones y el honor de esta institución, y en él se pide «que la forma alegre en que se te presentan no te haga olvidar su lado serio». El veterano habla al recluta: «¿Ves al Veterano? Por su andar noble y orgulloso, por esa elegancia que lo caracteriza, no puedes dejar de reconocerlo […]. Su mirada segura aplasta al paisano, su cuerpo está erguido, su pecho es exuberante; lleva a la izquierda la espada que, tangente a la banda, toca el suelo y levanta polvo.» De ahí que la espada recibiera, por metáfora, el nombre de tangente, pues solo tiene un punto de contacto con el cuerpo.
Al comienzo del curso, los veteranos mezclan sin orden las espadas de los reclutas en un montón: es la ensalada de tangentes. ¡Cada cual debe recuperar la suya, previo pago de una contribución a la caja de los alumnos!
Desde el siglo 19.º, la École acoge a cierto número de extranjeros de buena familia como oyentes externos. Sin uniforme y, por tanto, sin espada, estos alumnos «de tangente nula» reciben naturalmente el nombre de constantes. Entre las «constantes» célebres cabe citar a los militares rusos Nikolaï Rimski-Korsakov (1844—1908), inspector de las orquestas de la marina imperial, y Édouard Ivanovitch Totleben (1818—1884), glorioso defensor de Sebastopol contra… ¡los franceses!
El compositor Rimski-Korsakov padecía sinestesia auditiva, que le hacía percibir las notas como coloreadas, mientras que el nombre del general Totleben («muerte-vida» en alemán) constituye la antítesis del juego de palabras pleonástico «occis-mort»: un oxímoron.