Tangente: ¿Qué le motivó a concebir su libro en forma de almanaque, un formato poco habitual en las ciencias?**
Roger Mansuy: El formato de almanaque no formaba parte del proyecto inicial. Al principio estaba el deseo de mostrar que a menudo tenemos una imagen demasiado reductora de las matemáticas. Vemos, por supuesto, los ejercicios y los teoremas, las grandes construcciones teóricas, las aplicaciones… pero olvidamos que las matemáticas son, en un sentido más amplio, una cultura que impregna numerosísimas actividades humanas, desde la creación literaria o artística hasta las prácticas deportivas, de la historia a la política… Para dar a conocer todas esas huellas en nuestras sociedades, hubo que encontrar un formato «ameno». Con Christian Counillon, director editorial de «Ciencias» en Albin Michel, estudiamos distintas posibilidades antes de llegar a la idea del almanaque; aunque el formato pueda parecer atípico para la divulgación científica, está bien asentado y permite a las personas interesadas leer una página al día… o devorar el libro entero de una sentada. Como autor, el formato también permite cambiar rápidamente de tema y abordar así asuntos muy distintos sin demasiadas restricciones.
¿Cómo seleccionó los hechos, las figuras y las anécdotas matemáticas que jalonan los 365 días del año —o incluso más—?
Empecemos por el aspecto más sencillo de la pregunta: hay 367 fechas. Queríamos que el libro pudiera leerse como un almanaque con independencia del año, bisiesto o no; por eso habíamos previsto 366 fechas, hasta que supimos que en el reino de Suecia hubo un año trisiesto en 1712. Eso nos dio un pretexto para añadir la poco habitual fecha del 30 de febrero.
Cada día contamos una «historia»: algunas son muy ligeras, incluso divertidas; otras tienen mayor importancia matemática o histórica. Muchas apenas se han contado, y los primeros lectores me confesaron haberse sorprendido, incluso con temas que dominaban: seguramente uno de los mejores cumplidos, ¿no?
¿Hay un hilo conductor o una lógica de conjunto tras esta profusión?
No hay hilo conductor ni un orden de lectura recomendado: se puede empezar sin dificultad por la fecha de nacimiento y seguir al azar. El libro está escrito de modo que cada página sea independiente de las demás, pero esté vinculada a la fecha que le corresponde: el 14 de febrero se habla de San Valentín; el 30 de marzo, de la muerte de la matemática Laura Pisati; el 26 de abril, de la patente del Nimatron; el 8 de julio, del bautizo de Jean de La Fontaine; el 22 de octubre, de la peor derrota de la selección francesa de fútbol (en 1908)… Pero todos estos temas remiten a las matemáticas, señal de que merece la pena interesarse por ellas para mirar el mundo con mayor intensidad.
Ha tomado la firme decisión de dedicar más de un centenar de entradas a mujeres matemáticas. ¿Es un gesto militante, pedagógico, simbólico… o todo ello a la vez? ¿Fue fácil encontrar a tantas matemáticas?
Para mostrar la riqueza cultural de las matemáticas, era necesario observar, por supuesto, a la comunidad de quienes las practican profesionalmente o como afición. Ahora bien, en cuanto se observa este pequeño mundo, se percibe su diversidad. La investigación documental previa a la escritura hizo aflorar rápidamente más temas sobre mujeres matemáticas de los necesarios para este libro. Después hubo que elegir cuáles conservar, y no resultó nada difícil incluir numerosas entradas del almanaque que pusieran de relieve a matemáticas. Para responder más directamente a la pregunta, es sin duda un acto militante frente a los sesgos de género de nuestra sociedad… pero, como autor, también es una suerte, pues proporciona muchos temas interesantes poco tratados en la divulgación, como las historias de Irene Stegun, Wang Zhenyi, Tatiana Erhenfest, Elizebeth Friedman o Marie Crous…
En realidad, no es la única apuesta de escritura: también quería mostrar que las matemáticas no se limitan a Europa, que hay personas que practican las matemáticas fuera de las universidades o los centros escolares, y que se pueden hacer matemáticas estando plenamente implicado en la sociedad y en las luchas de su tiempo.
Espero haber superado el reto de mostrar la riqueza humana de nuestra comunidad —pero también sus defectos y sus derivas— sin parecer por ello sentencioso ni moralizante.
¿Su experiencia como profesor de matemáticas influye en su manera de escribir sobre matemáticas?
Toda persona que enseña sabe que debe mantener la atención de los alumnos o saber cómo recuperarla. Cabe suponer que eso influye en la manera de escribir un texto de divulgación matemática; sin embargo, tengo la impresión de que este almanaque se ha alimentado más de los encuentros surgidos en torno a charlas en centros de secundaria, institutos, mediatecas, salas municipales… El público que acude a estos actos siempre viene con buena disposición, apertura y una curiosidad que da gusto… pero también con preguntas capciosas e interrogantes que obligan a reflexionar tanto sobre el contenido de las charlas como sobre la manera de presentarlas. A menudo he pensado en algunos de esos intercambios al escribir este libro y estoy convencido de que algunas personas podrán reconocer en él la continuación de nuestras conversaciones informales.
¿Quiso hacer un libro únicamente para quienes ya aman las matemáticas y desean saber más, o también para los demás?
Cualquier persona curiosa puede interesarse por este libro y encontrar en él motivos de reflexión o entusiasmo; como el mensaje principal consistía en mostrar cómo las matemáticas están presentes en la cultura general, habría sido improcedente dirigirse solo a los «expertos». Al mismo tiempo, quería que una persona con una formación matemática más sólida también encontrase en él algo de su interés. Hubo que hacer malabarismos entre la accesibilidad y la evocación de algunos temas más especializados, y permitir en ciertos lugares varios niveles de lectura. Me encantaría recibir comentarios de lectoras y lectores de horizontes diversos.
En términos más generales, ¿qué cuentan las matemáticas, según usted, más allá de las cifras y las ecuaciones?
La pregunta es amplia, así que voy a tomar un rodeo. No reducimos la cocina a los platos de una chef con estrella o a los libros de recetas; la cocina también es la comida que preparamos deprisa al volver del trabajo, el pequeño placer culpable que nos permitimos pese a la dieta, los momentos pasados cocinando entre dos, lo que se comparte alrededor de una mesa, los recuerdos del pastel de la abuela, los concursos televisivos, los Tontons flingueurs untando tostadas, la técnica para pelar bien los pimientos, los menús muy estudiados de los deportistas, el exotismo de la gastronomía local durante un viaje y muchas otras cosas… Es innegable que la cocina se presenta como una cultura y que no se la puede reducir a unos pocos de sus elementos. Pues bien, las matemáticas tienen, a mi juicio, el mismo estatus y, consideradas en su conjunto, también cuentan una multitud de vidas y experiencias humanas. Es más, sueño con que todas y todos puedan dar testimonio de la parte que tienen las matemáticas en su propia vida, y que descubramos así la variedad de intereses y apreciaciones, la diversidad de prácticas y la riqueza de sensaciones que proporcionan.
Entrevista realizada por Antoine Houlou-Garcia
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