Todo aficionado a la geometría se plantea algún día la pregunta: «¿Qué es una curva?» En efecto, en cuanto se quieren calcular tangentes, curvaturas o puntos singulares, surge la necesidad de disponer de una definición práctica y cómoda de la noción de curva.
La forma más elemental consiste en una definición por extensión: se elabora una lista exhaustiva de objetos geométricos a los que se da el nombre de «curva». Las rectas, las circunferencias, las elipses y, en general, las cónicas son ejemplos de ello. Esta idea encuentra pronto sus límites: una lista así tiene un carácter muy subjetivo. Cada cual querrá añadir sus curvas favoritas, y no se conseguirá satisfacer a todos los geómetras.
Así, en 1937, con motivo de la creación del Palais de la découverte, André Sainte-Laguë (1882–1950), responsable de la sección de matemáticas, tuvo la idea de producir una colección de postales ilustradas por el anverso con una curva notable y acompañadas, en el reverso, de su nombre, su ecuación, su origen y su «inventor». Casi cuarenta años después, por iniciativa de Jean Brette, esta serie de tarjetas se reunió en un número especial de la Revue du Palais de la découverte titulado «Curvas matemáticas».
Propiedades mecánicas
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