Tras una sólida formación en la Manufactura de los Gobelinos y, posteriormente, en la École du Louvre, Sylvie Donmoyer se convierte en ilustradora. Dos encuentros van a modelar su práctica artística en torno a las matemáticas. En primer lugar, los grabados de Maurits Cornelis Escher (véase Tangente 144) le revelan el universo de las matemáticas a través de un mundo imaginado, impregnado de misterio y poesía. Más tarde, durante una larga estancia en Estados Unidos, trata a la matemática Jean Pedersen, con quien colabora. Así descubre que siente una gran atracción por las formas matemáticas, y muy especialmente por los poliedros, que representa en varias de sus obras. «Todo nació de un sentimiento de asombro al contemplar la belleza formal de esos objetos misteriosos llamados poliedros. Desde entonces, juego con las formas geométricas, y eso me ha llevado a explorar las posibles representaciones de la geometría en la pintura clásica», precisa.
Su interés por los poliedros no decae en Tapiz matemático, donde vemos origamis de formas poliédricas dispuestos ante un tapiz estampado con numerosas fórmulas matemáticas
Transmitir una emoción… matemática
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Uno de los objetivos de Sylvie Donmoyer es transmitir la emoción estética que siente ante un objeto matemático, aunque ella misma no tiene formación como matemática y es, ante todo, artista. Utiliza las formas geométricas para ofrecer una «interpretación visual de las matemáticas». Aparece así como una de las representantes de ese puente que existe entre esos dos universos que son el arte y las matemáticas.