Uno de los grandes asuntos matemáticos del Renacimiento es la introducción de la perspectiva. Esta revolución se debe, entre otras cosas, a la confluencia de varias preocupaciones y avances técnicos: la disponibilidad de copias de los Elementos de Euclides, base de la geometría; el auge artístico; el deseo de reconciliar a Platón, autor muy en boga durante el Renacimiento, con las representaciones artísticas; la aparición de vidrios y vidrieras de gran tamaño.
Como los Elementos de Euclides también tratan de los poliedros, su estudio se retomó, e incluso se los dibujó y reprodujo. Una práctica artesanal de la época desempeñó un papel: la taracea. Consiste en paneles de madera con incrustaciones que representan —naturalmente, en perspectiva— lo que se supone que oculta el panel. Para mostrar su virtuosismo, los artesanos representaron poliedros, primero los de los Elementos y, después, objetos más sofisticados. En los talleres donde se trabajaba la madera, es casi seguro que esos mismos artesanos también intentaron construir físicamente aquellos poliedros para comprobar la validez de sus dibujos. Uno de los protagonistas de esta época fue Piero della Francesca, que redactó los primeros tratados sobre perspectiva… y también sobre poliedros. Por desgracia, no publicó en vida.
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Geometría -----------------------
El mayor matemático de la época fue sin duda el monje Luca Pacioli. En 1494 publicó en Venecia su obra maestra: Summa de arithmetica, geometria, proportioni et proportionalita. En 1496, el duque de Milán, Ludovico Sforza, lo invitó a Milán para enseñar matemáticas en las escuelas del palacio. Allí conoció a Leonardo da Vinci y le enseñó geometría, dándole acceso a los Elementos de Euclides, pues Leonardo dominaba mal el latín. Los dos hombres se hicieron amigos y en 1499 partieron juntos hacia Mantua. Pero en Milán, entre 1496 y 1498, Pacioli compuso el celebérrimo De divina proportione, que no se publicó hasta 1509 en Venecia.