Desde hace algunas décadas han surgido una serie de espectáculos cuyo objetivo es utilizar el teatro como medio para acercar las matemáticas a los jóvenes (y a quienes no lo son tanto). Se trata de matemáticas cocinadas con salsa teatral. A veces es teatro. ¡Siempre son matemáticas! ¿Y qué ocurre con el «verdadero» teatro, el que pretende hacer amar el teatro? ¿Contiene a veces, sin saberlo, elementos matemáticos?
La respuesta es afirmativa, y vamos a demostrarlo a partir del teatro francés. Y hablar de teatro francés nos lleva inmediatamente al más grande, al más universal de los autores: Molière (1622–1673). Parafraseando al académico Bernard-Joseph Saurin (1706–1781), que lamentaba la ausencia del gran hombre bajo la cúpula: «Nada le falta a su gloria; él faltaba a la nuestra.» ¡Porque hay matemáticas en Molière! Matemáticas del 17.º siglo, por supuesto, pero matemáticas de verdad (véase Tangente 163, 2015).
Distintos sistemas monetarios ------------------------------
Como el gran Jean-Baptiste Poquelin se proponía describir el alma humana en todas sus miserias, sus réplicas aluden, por supuesto, a menudo al dinero. Y hablar de dinero contante y sonante (por entonces, el dinero era muy material) implica también hablar de préstamos y, por tanto, de usura. Cabe esperar que desfilen aquí las mejores escenas de L’Avare (1668). Es cierto que en ella abundan buenos ejemplos de aritmética financiera (véase Tangente 203, 2021), cuando Harpagon reprende a su hijo por vestir demasiado bien (acto I, escena 4) o cuando este último toma dinero prestado de su padre sin saberlo (acto II, escena 1). Pero no son, ni mucho menos, los únicos ejemplos que pueden citarse. Así, en Le Bourgeois gentilhomme (1670), el marqués Dorante calcula el total de las sumas que Monsieur Jourdain le ha prestado (acto III, escena 4), ofreciéndonos magníficos ejercicios de sumas y restas en aritmética no decimal. También aparecen otros ejemplos en el acto II, escena 7, de Les Fourberies de Scapin (1671). Pero ¿qué matemáticas podemos extraer de ellos? El sistema financiero de la época incluía un gran número de unidades monetarias (denarios, sueldos, francos, libras, escudos, luises y pistolas, ¡sin que existiera relación decimal alguna entre dos cualesquiera de esas siete monedas!). Partiendo de las réplicas de Molière y denotando mediante x1, x2… x7 las distintas unidades monetarias, constatamos que ciertos elementos del diálogo pueden expresarse como relaciones lineales entre todas esas variables. Puede construirse un sistema de ecuaciones homogéneas cuya solución proporciona las relaciones entre las distintas monedas.