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De las sabias a las calculadoras
Ser matemática, de profesión o de pasión, abarca numerosas estrategias, diversos recorridos, con a veces un poco de reconocimiento por parte de las instituciones y del mundo erudito, pero frecuentemente en una penumbra donde es interesante adentrarse para comprender cuáles eran las diferentes facetas de la práctica de las matemáticas en femenino. Frente a una ciencia en manos de los hombres, algunas mujeres han respondido así a los espacios que se les dejaba en matemáticas. Otras han querido conquistarlos de forma aún más afirmada. Pero la idea de la « mujer sabia » es un escollo que debe evitarse pues la sociedad se burla de esta figura que no tiene razón de ser.
La formación femenina
En el siglo XIX, en Francia, la escuela toma poco a poco el papel que hoy conocemos y se llega a pensar, gracias a diversos movimientos feministas, que sería útil que las niñas también asistieran para aprender a reflexionar. A partir de entonces, se necesitan profesoras de matemáticas y se crea una agregación femenina de matemáticas. En paralelo, en Inglaterra, en Estados Unidos y en Alemania, se abren oportunidades. Al otro lado del Atlántico, la universidad de Bryn Mawr, reservada para chicas, se convierte en un centro de gran dinamismo que forma generaciones de matemáticas. En Alemania, la universidad de Göttingen acoge a un número cada vez mayor de jóvenes investigadoras.
Vivir como matemática
Hypatia no Attribution ningún texto a su nombre aunque es certamente la autora de numerosos pasajes de obras eruditas. Émilie du Châtelet es una mujer que quiere vivir plenamente sin tener que elegir entre el amor y la ciencia. Mary Somerville tuvo un primer matrimonio con un hombre que no tenía ninguna estima por las capacidades intelectuales de su sexo. Sofia Kovalevskaia solo sueña con poesía. Al adentrarnos en la intimidad de la vida multifaceted de las matemáticas, percibimos las mil y una formas en que integran las matemáticas en ella.
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Les nombres premiers de Monsieur Le Blanc
La mathématicienne autodidacte Sophie Germain (1776-1831), faute de pouvoir suivre les cours de l’École polytechnique, emprunta les cahiers d’un élève de l’École, Antoine Auguste Le Blanc, dont elle utilisera ensuite le nom pour écrire aux « grands » mathématiciens de son époque, notamment Lagrange et Gauss.

♦ Les diviseurs de Sophie

♦ La partie de cartes

♦♦ Voisin-voisine

♦ Le vidé

♦♦ Table ronde

♦♦ Formez les équipes

♦ Math ... Adore !

♦♦ Un plan très approximatif

♦♦ Le pavage de Diane











