El 28 de octubre de 1878, el diputado republicano Camille Sée presenta su proposición de ley para crear una enseñanza secundaria femenina. En este texto cita, entre otras cosas, la injusta situación existente: «entre las jóvenes de familias acomodadas se ha extendido la costumbre de presentarse al examen de maestra. Obtienen su diploma de aptitud, igual que sus hermanos obtienen el diploma de bachiller; y algunas incluso, movidas por la emulación, aprueban el examen de bachillerato.» La propuesta de Sée se percibe rápidamente como un avance y apunta hacia la idea de una enseñanza universal. Sin embargo, en detalle propone diferenciar los contenidos impartidos a hombres y mujeres, e incluye algunas frases hoy muy cuestionables, como: «No se trata ni de apartar a las mujeres de su verdadera vocación, que consiste en criar a sus hijos y ocuparse de sus hogares, ni de transformarlas en sabias, en marisabidillas, en discutidoras.»
Estas garantías ofrecidas a los conservadores (véase el recuadro) permitieron sin duda promulgar el texto el 21 de diciembre de 1880 bajo la doble autoridad del presidente de la República, Jules Grévy, y del presidente del Consejo y ministro de Instrucción Pública, Jules Ferry; así, la ley Sée instaura por fin los liceos femeninos y permite esperar que las futuras alumnas puedan acceder al bachillerato y a la universidad sin tener que solicitar dispensas para sus estudios, como Julie-Victoire Daubié, la primera mujer en obtener el bachillerato, en 1861, a la poco habitual edad de 37 años.

Reclutar profesoras

Para acompañar esta reforma y disponer de personal docente femenino, en 1880 se crea la École normale de Sèvres y, tres años después, los concursos de la agrégation femenina. En aquel momento coexistían, por tanto, un concurso de selección reservado a las mujeres, la agrégation femenina, y el concurso existente desde comienzos de siglo, a veces llamado impropiamente «masculino», pues legalmente no está reservado a los hombres. Última injusticia: ninguno de los dos concursos da acceso al mismo estatuto ni a la misma escala retributiva.