En 1924, los institutos femeninos obtuvieron autorización para impartir las mismas enseñanzas que los institutos masculinos, lo que permitió oficialmente a las chicas preparar allí el bachillerato (véase el artículo « Hace 100 años, la igualdad ante el bachillerato » de Tangente n.º 222). Antes de ello (ley Camille Sée de 1880), las jóvenes terminaban sus estudios en institutos específicos, sin acceso a la enseñanza superior. Entre ambas fechas, algunas sortearon ese obstáculo y se convirtieron en astrónomas. Para ellas, todo comienza en 1907.

Un periodo de prácticas para convertirse en astrónoma

Antes de 1907, el acceso al cuerpo de astrónomos era, cuando menos, opaco. Favorecía la reproducción social, los clanes familiares y a los hombres. De ahí algunas decepciones: jóvenes, por lo general procedentes de las Grandes écoles, que se negaban a someterse a las normas y a cumplir unas tareas de servicio consideradas demasiado repetitivas. Por ello se promulgó un decreto que hacía obligatorio un periodo de prácticas de dos años para asegurarse de que el candidato reunía las cualidades requeridas.
Ya en 1908, Edmée Chandon (1885-1944) fue admitida para realizar dicho periodo de prácticas. Era licenciada en Ciencias Matemáticas (1906) y obtuvo el primer puesto en la oposición de matemáticas (1908).
Al igual que sus colegas varones, se familiarizó con todos los engranajes del Observatorio: el servicio cotidiano de los anteojos meridianos, que permitían controlar la hora mediante el paso de una estrella; la difusión de la hora dentro del recinto del Observatorio y por toda Francia —en particular, a través de la torre Eiffel—, y observaciones más ocasionales con instrumentos ecuatoriales. Cuando el tiempo no permitía observar, todo el personal efectuaba los cálculos de reducción* necesarios para publicar los resultados.