Desde finales de la Antigüedad y durante toda la Edad Media, las llamadas artes liberales constituyen la base de los conocimientos: estas siete disciplinas se dividen en dos grupos, el trivium, que reúne las tres artes del lenguaje —gramática, retórica y dialéctica—, y el quadrivium, que engloba las cuatro artes consideradas propias del número —geometría, aritmética, música y astronomía—. El primer autor cristiano que las menciona es san Agustín (354-430). En su De Ordine (II, 12), define siete disciplinas que abarcan casi todos los conocimientos que el ser humano puede adquirir fuera de la revelación. Por encima de estas siete artes está su madre, la filosofía. Desde una perspectiva cristiana, y siguiendo a Boecio, las artes liberales se consideran una preparación para la teología, es decir, para el estudio de la Sagrada Escritura.

Representaciones femeninas

Las artes liberales son objeto de representaciones desde el 9.º siglo, pero es a partir del 12.º siglo cuando este tema se convierte en una auténtica tradición iconográfica. Durante todo el periodo y más allá de él, estas artes se representan y personifican en distintos soportes —escultura, vidrieras, iluminaciones, tapices y frescos— mediante otras tantas figuras femeninas.
En un manuscrito del De institutione arithmetica de Boecio, datado hacia 845, la música, la aritmética, la astronomía y la geometría aparecen representadas como damas de la época.