En 1897 apareció una obra colectiva titulada Die Akademische Frau («La mujer y la universidad»), en la que numerosos científicos recorren todos los ámbitos, de la filología a la medicina y de la economía a las matemáticas. Felix Klein (1849-1925) firma en ella una brillante contribución, de la que ofrecemos amplios extractos.
«Respondo con tanto mayor gusto a la pregunta cuanto que la opinión que aún prevalece en Alemania —según la cual los estudios matemáticos deberían ser, en todo caso, poco menos que inaccesibles para las mujeres— constituye probablemente un obstáculo esencial para todos los esfuerzos encaminados a desarrollar la enseñanza superior femenina. Al hacerlo, no me refiero a casos extraordinarios que, como tales, demuestran bien poco, sino a nuestra experiencia media en Göttingen.
Tampoco quiero extenderme aquí, sino tan solo mencionar que, por ejemplo, durante este semestre, nada menos que seis mujeres han participado en nuestros cursos y ejercicios de matemáticas superiores, y que en ellos han demostrado constantemente ser, en todos los aspectos, iguales a sus homólogos masculinos.
Por la naturaleza misma de las cosas, por el momento solo hay extranjeras: dos estadounidenses, una inglesa y tres rusas. […]
Declaro que estoy a favor de admitir a las mujeres en los estudios universitarios. ¿No deberíamos nosotros, los hombres, acabar por darnos cuenta de que en realidad no tenemos ningún derecho a decidir siempre, por nuestra cuenta, qué conviene permitir a las mujeres? ¿De dónde sacamos ese derecho? Procede de épocas más brutales; ¿es justo que sigamos aferrándonos a él todavía hoy?
¿Cómo llegamos a considerarlas menos capaces? Las obligamos a conformarse con una educación inferior a la que recibimos nosotros; naturalmente, saben entonces menos, pero de ello no se puede concluir que sean menos aptas. […]
En lo que respecta a las matemáticas, hemos tenido matemáticas tanto en la investigación como en la enseñanza; en la época reciente es universalmente conocida Sofia Kovalevskaïa, que ocupó una cátedra en Estocolmo; y, a comienzos de siglo, Sophie Germain, que mantuvo durante mucho tiempo correspondencia con Gauss sin que este supiera que trataba con una mujer. […]
Desde el punto de vista de mi disciplina, las matemáticas, no cabe aducir razones serias contra los estudios universitarios de las mujeres. El principal argumento a favor de ello es que, tanto en la Antigüedad como en los tiempos modernos, ha habido mujeres que han realizado logros verdaderamente notables en matemáticas.
Pero, más allá de estas excepciones, la capacidad de las mujeres para practicar con éxito las matemáticas queda demostrada por las experiencias de las universidades de Göttingen y Zúrich; la situación en Inglaterra también lo atestigua. En Inglaterra, muchas mujeres se dedican a las matemáticas e incluso publican sobre ellas; en particular, muchas participan allí en la resolución de problemas propuestos por periódicos (como el Educational Times, por ejemplo), cuyas soluciones se publican posteriormente.
Por tanto, no dudo ni un instante de la capacidad de las mujeres para producir resultados fructíferos en mi disciplina. Ciertamente, de momento sigue siendo difícil para las mujeres en Alemania adquirir los conocimientos previos necesarios para seguir con éxito cursos universitarios, pues en nuestras escuelas de niñas no se enseña matemáticas en absoluto. El próximo objetivo debería ser dar a las mujeres la oportunidad de adquirir los conocimientos que el instituto exige a sus bachilleres. Estoy firmemente convencido de que esto es perfectamente posible para la mayoría de las jóvenes. »

Felix Klein (1849-1925).