Desde la Edad Media, los matemáticos europeos recopilaban las «cuestiones errantes» (Fibonacci, 1204) y los «juegos y entretenimientos» (Nicolas Chuquet, 1484). En el 17.º siglo, el género de las «recreaciones matemáticas» adquirió autonomía: se produjo una avalancha de recopilaciones de problemas aritméticos o geométricos, calificados de agradables, deleitables o jocosos. Las más conocidas son la de Claude-Gaspard Bachet de Méziriac (1612), la atribuida a Jean Leurechon (1624) y la gran compilación de Jacques Ozanam (1694), sin igual hasta la de Édouard Lucas, dos siglos después.
Es difícil precisar qué es una recreación matemática. A menudo se trata de un problema seudoconcreto, perfectamente inverosímil, pero cuyo ropaje puede divertir, despertar la curiosidad y suscitar sorpresa. Una recreación lograda debe, a nuestro juicio, despertar el deseo de compartirla, de contarla a quienes nos rodean. Ello requiere un enunciado sencillo, atractivo, pulido y fácil de recordar. En este sentido, el género tiende también al ejercicio literario.

Claude-Gaspard Bachet de Meziriac,

óleo anónimo sobre lienzo, palacio de Versalles.