Durante mucho tiempo se consideró que la edad de oro de las ciencias araboislámicas se extendía del IX.º al XIII.º siglo. Se pensaba que, una vez traducidos al latín los principales textos árabes, la ciencia había cambiado de orilla y había pasado a las universidades del norte. El declive de las ciencias en los países del islam se explicaba por la influencia del teólogo Muḥammad al-Ghazzālī (XI.º siglo), hostil a la filosofía de tradición griega y muy reticente ante las ciencias profanas, y se estimaba que la catastrófica destrucción de Bagdad por los mongoles, en 1258, había firmado su sentencia de muerte. Sin embargo, los historiadores de la ciencia advirtieron que, después de esa fecha, continuó una importante actividad científica en árabe en otras regiones del mundo musulmán.
La convención más extendida actualmente consiste, por tanto, en prolongar esta famosa «edad de oro» hasta el XV.º siglo, y esto resulta especialmente válido en el caso de las matemáticas. De manera muy oportuna, los dos únicos nombres de matemáticos de lengua árabe conocidos, con razón o sin ella, por todos los alumnos de bachillerato, los de al-Khwārizmī (Bagdad, IX.º siglo) y al-Kāshī (Samarcanda, XV.º siglo), simbolizan su comienzo y su final.
Representación de una kūniyā aérea en La ofrenda del converso
(Hadiyyat al-Muhtadī) de Osman Efendi. Estambul, Museo Militar, MS 3027.