Caroline Lucretia Herschel nació el 16 de marzo de 1750 en una familia de músicos de Hannover. A los tres años apenas sobrevivió a la viruela, que le dejó marcas en el rostro. Algunos años después, el tifus interrumpió su crecimiento: de adulta mediría menos de un metro cuarenta. Su madre pensaba que nunca se casaría a causa de su físico y la destinó a las tareas domésticas de la familia. Era la única hija superviviente entre sus hermanos. Sin embargo, su padre le proporcionó, casi a escondidas de su esposa, una esmerada educación, la misma que había dado a sus hermanos, lo que recuerda el papel, a menudo subestimado, de los padres en la educación de las hijas. Cuando tenía 17 años, murió su padre y quedó a merced del resto de la familia.
A los 22 años, su hermano William —bautizado Wilhelm Friedrich—, que se había establecido como músico en Inglaterra, la hizo venir a vivir con él, inicialmente para llevar su casa. William era un compositor célebre, cuyas obras se siguen interpretando y a quien conocen bien los oyentes de las emisoras de música clásica. Inició a su hermana en el canto, y ella se convirtió rápidamente en una soprano apreciada. Se le abría una carrera como cantante lírica. Sin embargo, rechazaba las actuaciones que no dirigía su hermano.
Una astrónoma profesional
La verdadera pasión de William Herschel era la astronomía, y dejó de lado la música para dedicarse a ella. Poco a poco, Caroline compartió esa pasión y lo animó. William empezó a construir telescopios y, una vez más, embarcó a su hermana en esta aventura. Ambos se convirtieron en reputados constructores de instrumentos. Su reputación creció aún más cuando William descubrió el planeta Urano, lo que le valió ser nombrado astrónomo del rey. Caroline desempeñó entonces un papel esencial en aquel trabajo común. Destacaba en los cálculos, las observaciones, el pulido de espejos y el montaje de instrumentos.