Para el gran público, Émilie du Châtelet (1706-1749) es, por desgracia, más conocida como amante de Voltaire que por cualquier otra cosa. Ahora bien, fue una auténtica científica: matemática, física, no solo traductora de Newton, sino también filósofa de la ciencia y autora de las Institutions de physique, traducidas varias veces, que gozaron de autoridad durante décadas en toda Europa.
Sin embargo, la marquesa también es una aristócrata a la que le gusta pasar las noches jugando por dinero con sus amigos o divirtiéndose con sus amantes. El último de ellos, el marqués Jean-François de Saint-Lambert (1716-1803), es militar de carrera y hace suspirar a numerosas mujeres. Primero llama la atención de la marquesa de Boufflers (1711-1786), amante oficial del rey Stanislas Leszczynski, rey de Polonia. En 1746, de regreso de la guerra y al comprobar que Mme de Boufflers lo ha sustituido, seduce a Émilie du Châtelet. Será para ella una pasión inmensa en todos los sentidos del término: pasa sucesivamente de estar locamente enamorada y feliz a sentirse celosa y desconfiada, sola y desgraciada. Y, en medio de esta tormenta emocional, no deja por ello de trabajar, en particular en su traducción de Newton. Una traducción que dejará inacabada al morir por una causa directamente ligada a esta pasión. He aquí algunos extractos de cartas, escritos exclusivamente de puño y letra de la marquesa, que muestran la difícil condición de una mujer matemática enamorada. Para un hombre, las cosas son distintas: un hombre no puede morir de parto…
pintado por Marianne Loir (1751).