Puesto que los bookmakers se esfuerzan por evaluar los resultados de las carreras de caballos, resulta fácil imaginar que recurren a las probabilidades. Pero, de manera cuando menos sorprendente, ¡no es así! Una propiedad matemática de las probabilidades explica esta paradoja.
Los resultados de las carreras de caballos dependen de numerosos parámetros: el estado de forma de los caballos participantes, la eficacia de los entrenadores, la valía de los jinetes presentes, la distancia del recorrido, el estado de la pista, la naturaleza de la carrera (trote o galope)… Sin embargo, la legislación francesa equipara las apuestas en carreras de caballos a los juegos de azar. En efecto, las llegadas de los caballos ganadores pueden considerarse fenómenos fortuitos sobre los que se apuesta dinero: la «gloriosa incertidumbre del deporte» se debe probablemente a numerosos azares, y apostar por caballos no es sin duda más irrazonable que comprar un billete de lotería…
No probabilidades: ¡cuotas!
--------------------------
Los corredores de apuestas, o bookmakers, evalúan la propensión a que ocurran los acontecimientos sobre los que se realizan apuestas. Podrían utilizar, por tanto, el concepto de probabilidad creado por los matemáticos para este fin… pero lo evitan porque esta medida de las propensiones es aditiva (véase el recuadro).
Para explicarlo, consideremos una carrera en la que participan cuatro caballos, A, B, C y D. En el caso más sencillo, los bookmakers deben evaluar las probabilidades de que los caballos ganen la carrera. Dicho de otro modo, estiman las cuatro probabilidades P(A), P(B), P(C) y P(D) de que A, B, C o D, respectivamente, crucen la línea de meta como vencedores. Los sucesos considerados agotan aquí todas las posibilidades y son mutuamente excluyentes (el recurso a una foto-finish excluye, en efecto, un posible ex aequo), de modo que, en virtud de la teoría matemática de las probabilidades, debe cumplirse la siguiente igualdad:
P(A) + P(B) + P(C) + P(D) = 1.