Las nuevas tecnologías trastornan nuestra vida cotidiana a un ritmo acelerado. La preservación del medio ambiente desde una perspectiva de desarrollo sostenible requiere anticipar a medio y largo plazo el impacto de las acciones emprendidas. Múltiples factores políticos, económicos y sociales condicionan el futuro.
Para cualquier empresa, poder anticipar el cambio se está convirtiendo en una condición de supervivencia. Los modelos numéricos permiten ahora describir la evolución de sistemas complejos que dependen de numerosos parámetros. Sin embargo, presentan limitaciones que hacen de la prospectiva tanto un arte como una ciencia.
Prever la evolución de un sistema
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La extrapolación de los datos según la tendencia observada sigue utilizándose ampliamente para prever una evolución futura. Así, dado que el crecimiento del consumo de energía prosigue actualmente a un ritmo del 2 % anual, la previsión del consumo de energía o de otros recursos se basa casi siempre en una ley exponencial. En la práctica, los recursos son finitos y su consumo no puede crecer indefinidamente.
En el caso del petróleo, si nos basamos en el ritmo actual de crecimiento del consumo, este casi se duplicaría de aquí a 2050, mientras que muchos expertos consideran que ya se ha alcanzado una meseta de producción, en torno a 95 Mb / d (millones de barriles al día). Este techo de producción puede representarse mediante una curva sigmoide Y, cuya expresión en función del tiempo t es Y(t) = K / (1 + a exp(–rt)) donde a y r son constantes positivas adecuadas. Esta función es la solución de la ecuación diferencial del modelo de Verhulst, que este calificó de función logística: