Podemos ver un flexágono como un polígono compuesto por pequeños polígonos apilados y articulados por sus lados. Estas articulaciones permiten deformar la estructura —el polígono es flexible— para hacer aparecer distintos pares de «caras» (la parte superior y la inferior del polígono), siguiendo ciclos.
Cuando no están en proceso de «flexado», los hexaflexágonos adoptan posiciones estables de forma hexagonal. Están formados por triángulos equiláteros elementales articulados entre sí. También podemos ver el hexaflexágono como un conjunto de 6 pilas de triángulos dispuestas en hexágono. Veremos que la distribución de los triángulos en cada pila está relacionada con el número de posiciones estables del objeto (que, en este dosier, se representan mediante «caras» de distintos colores).
El hexaflexágono más sencillo es el trihexaflexágono
(véase el artículo «La pequeña historia de los flexágonos»). Puede montarse a partir de una tira de 10 triángulos (cuyos dos extremos se pegan uno sobre otro, de modo que en realidad solo cuenta con 9 triángulos). Al deformar esta estructura —al «flexarla»— pueden aparecer las tres posiciones estables distintas, de ahí su nombre.
Sin embargo, aumentando el número de triángulos equiláteros de la tira inicial, se pueden construir hexaflexágonos que tengan más de tres posiciones estables distintas. El enrollado que conduce al hexaflexágono es una cinta de Möbius si el número de posiciones estables es impar. Es un anillo si dicho número es par.
Hacia los hexahexaflexágonos
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