En el número de diciembre de 1956 de la revista estadounidense de divulgación científica Scientific American apareció el primer artículo de Martin Gardner (1914-2010): Flexagons. El artículo tuvo un impacto considerable y, por entonces, no era raro encontrarse por las calles de Nueva York a alguien manipulando un flexágono, práctica a la que en adelante llamaremos «flexar». Este entusiasmo llevó al editor a confiar a Martin
Gardner la sección «Mathematical Games» (Juegos matemáticos) de la revista, que dirigió durante más de veinticinco años con el éxito que todos conocemos… Fue el punto de partida de una serie de más de trescientos artículos que popularizaron numerosos conceptos matemáticos: el juego del hex, los poliominós, el juego de la vida, el código RSA…
Nacimiento de un objeto
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En 1956, los flexágonos ya existían desde hacía casi veinte años, pero seguían siendo una curiosidad conocida solo por unos pocos matemáticos. Según Martin Gardner, su historia comienza con Arthur H. Stone (1916-2000), entonces estudiante en Princeton (Estados Unidos). Como venía de Inglaterra, tenía archivadores ingleses y, para guardar en ellos las hojas de sus cuadernos estadounidenses, debía recortar las hojas en aproximadamente una pulgada (25,4 mm). Se entretuvo con las tiras así obtenidas. Stone, conocido por su destreza manual, acabó construyendo un flexágono.
El flexágono que obtuvo se presenta como un hexágono con tres caras. En efecto, al manipular este objeto, formado por triángulos equiláteros articulados, aparece, además del anverso y el reverso, una tercera cara oculta. Se anima encarecidamente al lector a construir uno antes de explorar el resto del dossier (véase el recuadro de abajo).
El flexágono de Stone es el más sencillo para iniciarse en la «flexología». El montaje del objeto —enrollar una tira de 9 triángulos a la manera de una cinta de Möbius— y su manipulación permiten apreciar la alternancia de tres «caras» del hexágono. Los 9 triángulos, con anverso y reverso, dan, en efecto, 18 caras triangulares que aparecen sucesivamente en grupos de 6 (dispuestas en hexágono). Por tanto, el objeto consta permanentemente de 6 caras triangulares en el anverso, 6 en el reverso y 6 ocultas. Se emplean tres colores para visualizar los tres conjuntos de triángulos.