Nicolas Bergeron, Thierry Dauxois, Étienne Ghys, Tadashi Tokieda, Alberto Verjovsky Sola y Cédric Villani: todos mantienen un vínculo particular con el célebre matemático francés, cuya obra fue, en algún momento de sus carreras, fuente de inspiración, invitación a la reflexión o punto de partida para sus investigaciones.
Philippe Worms presenta así a Henri Poincaré a escala humana, a través de los ojos de sus admiradores actuales: una perspectiva interesante, pues las circunstancias de esta estancia —paseos, comidas, velada— propician conversaciones e ilustraciones sobre la obra del gran científico. Esta puesta en escena, exuberante y con aspectos a veces confusos, resulta singular. Al comienzo, Cédric Villani sugiere que «la película tendría que ser un poco confusa» para parecerse a Poincaré. No obstante, el realizador logra abordar un gran número de temas relacionados con Poincaré: su potente (re)interpretación geométrica de problemas variados, sus reflexiones filosóficas sobre el cuestionamiento científico, sus investigaciones en torno al determinismo («la armonía») y al azar («el caos»)…