Henri Matisse escribía a André Derain en 1916 a propósito de La ciencia y la hipótesis: «¿Ha leído este libro? Contiene ciertas hipótesis de una audacia vertiginosa, como la relativa a la destrucción de la materia. El movimiento solo existe por la destrucción y la reconstrucción de la materia.»
Cuando el cubismo se vuelve analítico -----------------------------------
La ciencia y la hipótesis no es un simple clásico de la epistemología. Esta obra de Poincaré desempeñó un papel decisivo en el desarrollo del arte de comienzos del 20.º siglo. Permitió, en particular, que el cubismo se volviera analítico y asentara su armazón conceptual sobre fundamentos científicos. Fueron sobre todo Jean Dominique Antony Metzinger (1883-1956) y Juan Gris (cuyo verdadero nombre era José Victoriano Gonzalez-Pérez, 1887-1927) quienes intentaron dar un equivalente estético a las teorías desarrolladas por Henri Poincaré acerca de las nuevas geometrías. Era para ellos una manera de superar el debate dialéctico entre el fondo y la forma y de abandonar definitivamente toda forma de perspectiva, reinventando el mundo cotidiano.
Los pintores vanguardistas de comienzos de siglo están fascinados por la nueva imagen de la realidad que propone la ciencia y por la «inquietante extrañeza» de esos nuevos mundos. El arte intenta corroborar, por sus propios medios, los resultados que la ciencia ha puesto de manifiesto. En 1912, Del cubismo, el manifiesto de Albert Gleizes (1881-1953) y Jean Metzinger, está impregnado de los análisis de Poincaré. El programa sigue prácticamente al pie de la letra la trinidad de Poincaré: logra reunir el tacto, la visión y el movimiento. El arte retiniano (es decir, el arte al que accedemos por la mera vista) queda así desacreditado. Se supone que el cuadro da acceso a una «hiperrealidad». Los objetos del mundo se redefinen, al igual que la posición del sujeto sensible.
La posibilidad de otras geometrías ----------------------------------