El caso Dreyfus conmocionó Francia durante más de diez años, entre 1894 —fecha de la condena del capitán Dreyfus— y 1906 —momento de su rehabilitación por el Tribunal de Casación—. Cuando, tras múltiples batallas ideológicas y políticas, la máxima autoridad judicial del país declara solemnemente inocente a Alfred Dreyfus del crimen de alta traición por el que había sido condenado, acompaña su decisión de una larga lista de fundamentos. Entre las justificaciones que presenta, ocupa un lugar importante un informe redactado dos años antes, en 1904. Firmado por tres matemáticos miembros de la Academia de Ciencias, Gaston Darboux (1842−1917), Paul Appell (1855−1930) y Henri Poincaré, establece que el peritaje del bordereau (véase el recuadro), realizado en 1894 por Alphonse Bertillon y que pretendía demostrar científicamente la culpabilidad de Alfred Dreyfus, no se basa en ningún fundamento serio y debe descartarse definitivamente.
Los primeros pasos de un compromiso
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Antes del informe de 1904, que redactó esencialmente él solo, Henri Poincaré se había mantenido más bien al margen del debate que desgarraba a la sociedad francesa. En enero de 1898 no aparece entre los firmantes de las peticiones publicadas en los periódicos en apoyo del «¡Yo acuso…!» de Émile Zola, publicado en L’Aurore el jueves 13 de enero de 1898.