

Citius, altius, fortius. El lema olímpico («Más rápido, más alto, más fuerte») resume la ambición de los atletas de superar los límites de las capacidades humanas, batiendo récords regularmente desde hace más de un siglo de competición.



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Las pruebas combinadas de atletismo, como el decatlón, exigen poder comparar los resultados de distintas disciplinas. Por ello se han establecido tablas de puntuación basadas en datos estadísticos, que se actualizan periódicamente para tener en cuenta la evolución física de la especie humana.

La edad es, por supuesto, un factor predominante del rendimiento deportivo (¡e intelectual!). El declive, no lineal, puede modelizarse mediante un modelo exponencial, que parece válido a todas las escalas fisiológicas: celular, ósea, pulmonar…

Entre las ramas de las matemáticas aplicadas al deporte, la estadística ocupa un lugar destacado. Se utiliza para analizar grandes conjuntos de datos —big data—, luchar contra el dopaje o tratar el deporte en los medios de comunicación, especialmente en cuestiones relacionadas con los Juegos Olímpicos.

La modelización de las relaciones entre rendimiento y entrenamiento es una cuestión delicada desde el punto de vista estadístico. Buscar un modelo matemático que relacione ambos aspectos equivale a pensar el deporte y los posibles efectos del trabajo realizado por el atleta sobre los resultados obtenidos.
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