A lo largo de su Introducción al análisis de las líneas curvas algebraicas, Gabriel Cramer anuncia dos resultados importantes en una nota a pie de página y remite al lector a dos apéndices publicados al final de la obra. Estos dos textos, además de su importancia matemática intrínseca y de su valor histórico, revelan una auténtica dificultad para manejar expresiones algebraicas complejas con notaciones adecuadas para mediados del siglo 18.º.
La primera nota se encuentra en el tercer capítulo, dedicado a los distintos órdenes de las curvas algebraicas. Precisemos que el orden corresponde al grado más alto. Por ejemplo, la ecuación
A +
By +
Cx +
Dy 2 +
Exy +
x2 = 0 es de orden 2: es una cónica. Cramer establece, con ayuda de su triángulo analítico (véase el artículo
« Trazar una curva algebraica en el siglo 18.º »), que el número de puntos necesarios para definir una curva de orden
n es igual a
2n(n+3).
Este resultado puede entenderse intuitivamente gracias al triángulo analítico (véase el artículo
« Trazar una curva algebraica en el siglo 18.º »): la primera fila, correspondiente al orden 0, contiene una casilla; la segunda, correspondiente al orden 1, dos casillas, etc.
Por tanto, una curva de orden n tiene 1 + 2 + … + (n + 1) casillas (aunque algunos coeficientes sean iguales a 0), es decir, (n + 1)(n + 2)/2 casillas. Ahora bien, siempre se puede dividir una ecuación por uno de sus coeficientes no nulos, con lo que este pasa sistemáticamente a valer 1; esto significa que el número de coeficientes suficiente para definir una ecuación de orden n es igual al número de casillas menos 1: [(n + 1)(n + 2)/2] – 1, que vale n(n + 3)/2.