Karine Chemla es historiadora de las matemáticas en la Universidad París-Cité y directora de investigación emérita del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS), vinculada al laboratorio SPHERE (Ciencias, Filosofía, Historia) de esta misma universidad. Actualmente desarrolla un proyecto sobre la historia del simbolismo matemático en la Universidad de Edimburgo. En 2025 fue elegida académica de la Academia de Ciencias, en la disciplina «Historia, filosofía y ética de las ciencias». Trabaja sobre las nociones de demostración, prueba y simbolización matemática, así como sobre la forma en que las matemáticas se desarrollan en ámbitos extraeuropeos, especialmente sinófonos.
Tangente: ¿Podría describirnos brevemente su trayectoria?
Karine Chemla : Estudié matemáticas por pasión por esta disciplina y concluí mi formación en la École normale supérieure de jeunes filles en 1982. A sugerencia de la entonces directora, Josiane Serre, a finales de 1979 presenté un proyecto para obtener una beca para realizar un viaje lejano de la fundación Singer-Polignac, proponiendo estudiar las relaciones entre ciencia y cultura y, para ello… ir a China. Esta elección de China procedía de la idea común según la cual, al haber permanecido aislada del resto del mundo a lo largo de su historia (¡qué error!), ofrecía condiciones ideales para reflexionar sobre el tema que me había propuesto. Sin embargo, por entonces no hablaba una palabra de chino.
Tras conseguir la beca, tuve el inmenso privilegio de convertirme en la primera estudiante extranjera del Instituto de Historia de las Ciencias Naturales, perteneciente a la Academia China de Ciencias. Por entonces, en China se mantenía separados a extranjeros y chinos, de modo que se diseñó para mí sola un plan de estudios con cinco investigadores chinos especialistas en la materia como profesores. Había empezado a aprender chino precipitadamente en el otoño de 1980, con vistas a ese viaje, pero cuando llegué a China, el 6 de abril de 1981, apenas era capaz de construir una frase, pues mi aprendizaje autodidacta se había centrado sobre todo en los caracteres y no incluía ninguna vertiente práctica. Mis profesores, aparte de chino, solo hablaban ruso o japonés, así que los comienzos fueron algo arduos, pero no puedo imaginar mejores condiciones para aprender una lengua. Al final de mi estancia, en noviembre de 1981, ya era capaz de mantener conversaciones y seguir clases.
¿Qué fue lo que la llevó a elegir el estudio de las llamadas matemáticas chinas?