Desde finales del siglo 3.º de nuestra era, el Imperio romano quedó dividido adminis-
trativamente en un Imperio romano de Occidente (que se derrumbó definitivamente en 476) y un Imperio romano de Oriente (al que más tarde se llamaría Imperio bizantino). Mientras que en Oriente se habla griego, en Occidente predomina el latín, hasta el punto de que incluso las élites romanas, que hablaban griego a la perfección, acaban por abandonarlo. Así, dos escritores intentarán llevar a cabo una labor de traducción y adaptación de las obras filosóficas y matemáticas griegas.
Las traducciones latinas
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Del primero, Marciano Capela, no se sabe gran cosa, salvo que sería originario de Cartago y que habría vivido en la primera mitad del siglo 5.º. Su obra, Las bodas de Filología y Mercurio, tuvo un éxito inmenso: narra de forma poética y alegórica la vida de las principales disciplinas intelectuales. Dedica, en particular, un libro a cada una de las disciplinas científicas: la geometría, la aritmética, la astronomía y la armonía (teoría matemática de la música). En él encontramos numerosas propiedades de Euclides —tanto de geometría como de aritmética— relatadas de manera muy literaria, lo que permite divulgar resultados matemáticos al relacionarlos con la mitología y la filosofía, todo ello mediante una escritura poética muy agradable.
La vida del segundo es mucho mejor conocida: Boecio, nacido hacia 480, en el momento en que se derrumba el Imperio romano de Occidente, se convierte en consejero del rey ostrogodo Teodorico. Desea influir en él en favor de un renacimiento de las letras griegas —un milenio antes de lo que efectivamente se denomina Renacimiento—, lo que le lleva a traducir al latín algunas obras científicas griegas para promoverlas mejor. Traduce así a Euclides y a Ptolomeo (obras perdidas), así como la Introducción a la aritmética de Nicómaco de Gerasa, que fue durante toda la Edad Media occidental el manual de referencia sobre la ciencia de los números.