En 1885, los periódicos europeos anuncian que Su Majestad Óscar II, rey de Suecia y Noruega, ha decidido conceder un premio a un descubrimiento importante en matemáticas. Se forma un comité científico y se convocan cuatro problemas, entre ellos «el estudio del movimiento de un número cualquiera de cuerpos que se atraen mutuamente según la ley de Newton». Las propuestas se recibirán de forma anónima; el vencedor, proclamado el 21 de enero de 1889 con motivo del sexagésimo aniversario del rey, recibirá una medalla de oro y 2 500 coronas, una suma considerable para la época. La memoria premiada se publicará en la revista Acta Mathematica, y su autor viajará a Estocolmo, en Suecia, para impartir una serie de cursos sobre sus trabajos.
Óscar II, rey de Suecia [y de Noruega]. Anders Zorn, 1898.
El premio del rey
--------------
Llegado el día, el premio se concedió a un matemático francés de 35 años, Henri Poincaré, que se convirtió de inmediato en una gloria nacional. No era para menos. Los premios Nobel aún no existían, tampoco los Juegos Olímpicos y, tras la pérdida de Alsacia-Lorena, existía una intensa rivalidad entre Francia y Alemania, las dos mayores naciones matemáticas. El premio del rey Óscar II desempeñaba un poco el papel de una final de la Copa del Mundo de fútbol y, aunque no hubo multitudes invadiendo los Campos Elíseos, la prensa francesa se entregó con entusiasmo. Luego se pasó a otra cosa, la memoria apareció en noviembre de 1890 y Poincaré continuó su brillante carrera científica.