La base 10, que usamos a diario, nos parece inevitable, ineludible, recurrente. Y, sin embargo, no podemos dejar de preguntarnos… ¿Por qué no una base 12?
La primera respuesta que viene a la mente —y la única que se sostiene— es que tenemos diez dedos. Por lo demás, no tiene nada de original: el propio Aristóteles ya había pensado en ello hace dos mil trescientos años, aunque sin hablar de bases. Describe el fenómeno con precisión:
> «¿Por qué todos los hombres, tanto los bárbaros como los griegos, cuentan hasta 10 y no hasta cualquier número, como 2, 3, 4 o 5, a partir del cual volverían a combinar dos números, cinco-uno, cinco-dos, igual que diez-uno, diez-dos? […] ¿Será porque 10 es un número “perfecto”? […] ¿O será porque todos los hombres nacen con diez dedos?» (Problemas, XV 910-911)
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Una práctica muy extendida --------------------------