La inmensa mayoría de las lenguas utiliza la base 10 para nombrar los números. Así, en francés, «dix-sept» corresponde a 10 + 7 y «deux cent vingt-trois», a 2 100 + 20 + 3. Es probable que se deba a nuestros diez dedos, que nuestros antepasados utilizaban para calcular. Elegir una unidad y una subunidad relacionadas decimalmente tiene la enorme ventaja de permitir convertir de inmediato una información al cambiar de unidad. De este modo, once kilómetros corresponden a once mil metros. En cambio, convertir a kilómetros por hora la velocidad de quien ha recorrido treinta y siete kilómetros en cuarenta y ocho minutos resulta más difícil. Hay que multiplicar el cociente 37 / 48 por 60 para obtener 46,26 km/h.
¿Por qué 60? Evidentemente, porque una hora contiene sesenta minutos. Este uso procede de la Antigüedad, en particular de los sumerios y después de los babilonios (véase En breve: *
«¿Ha dicho 60…?»*), pero también se encuentra en las civilizaciones china e india mucho antes de nuestra era.
Por qué 12 y 60
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La elección del número 10 procede de nuestra anatomía. Su inconveniente es que no es múltiplo de 3; por consiguiente, las divisiones entre este número entero producen resultados poco prácticos en escritura decimal. En cambio, 12 es divisible por 2, 3 y 4, y 60 es múltiplo tanto de 10 como de 12.