Una grata sorpresa entre los números primos
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Creíamos saberlo todo sobre la distribución de los números primos, ¡pues no! Una prepublicación del 11 de marzo de 2016 pone de manifiesto una propiedad sorprendente de esos célebres enteros cuyos únicos divisores son ellos mismos y la unidad. Sus autores, Robert Lemke Oliver y Kannan Soundararajan, ambos de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos), se interesaron por los restos módulo q (sobre todo para q = 10) de pares de números primos consecutivos. ¡Sorpresa! Los números primos tienen preferencias bien definidas respecto a la última cifra de los números primos que los siguen.
Su enfoque fue primero experimental y estadístico: por ejemplo, entre los primeros mil millones de números primos, un número primo que termina en 9 tendrá un 65% más de probabilidades de ir seguido de otro que termine en 1 que de un número primo terminado en 9. Dicho de otro modo, los números primos rechazan a sus sucesores terminados en la misma cifra, y los investigadores han presentado pruebas teóricas de sus resultados, que están siendo examinadas. Todo ocurriría, pues, como si la distribución de los números primos estuviera sesgada. Esto enlaza además, en cierta medida, con el «sesgo de Tchebychev», que el matemático ruso formuló en 1853: «La mayor parte del tiempo hay más números primos de la forma 4k + 3 que de la forma 4k + 1, más allá de cierto límite.» También aquí acaba de abrirse una nueva vía…
Un relato dedicado a Wiles
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Cabría pensar que esto no tiene nada que ver con el «último» teorema de Fermat, salvo por el título, *Le Meilleur Théorème de Fermat*, pero este relato publicado en 1995 por la autora estadounidense de ciencia ficción Janet Kagan, fallecida en 2008, tiene un rasgo original relacionado con el célebre teorema. Resulta que algunos personajes pertenecen a un club muy exclusivo, el Marginalia. Este término, dicho sea de paso, designa las notas que un lector o un copista puede escribir en el margen de una obra, exactamente como hizo el propio Fermat al garabatear en el margen de su Arithmétique de Diofanto. Sin embargo, la originalidad está en otra parte: este club, al que solo se accede por invitación, está formado por siete de los matemáticos vivos más importantes. ¿Y cómo se llega a ser miembro? El lema del club quizá le ponga sobre la pista: «Sé resolverlo.» ¿Resolver qué? ¡El teorema de Fermat, claro!
Así es: el Marginalia es el club de quienes saben resolver este teorema, pero se comprometen a no publicar su demostración, lo que significa que, para la siguiente persona que resuelva el último teorema de Fermat, será como si fuera la primera. Janet Kagan dedicó su relato a Sir Andrew Wiles, «con una gran sonrisa».
Andrew Wiles: el premio de toda una vida
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La Academia Noruega de Ciencias y Letras ha concedido el premio Abel 2016 a Sir Andrew Wiles, de la Universidad de Oxford, por haber «demostrado de manera brillante el último teorema de Fermat mediante la conjetura de modularidad para las curvas elípticas semiestables, inaugurando así una nueva era en la teoría de números». Con estas palabras, el presidente de esta venerable academia anunció en Oslo, el 15 de marzo, al ganador del premio Abel, generosamente dotado.
Este premio ha recompensado la obra de toda una vida de Andrew Wiles. Tras descubrir a los 10 años un libro sobre el último teorema de Fermat, Wiles nunca abandonó este enigma matemático… hasta aquel día de 1993 en que comunicó su descubrimiento, ante un público admirado, durante un seminario en Cambridge. La alegría duró poco, pues su demostración contenía un error; pero no importa: Wiles volvió al trabajo, corrigió su demostración, la simplificó y, esta vez, ¡llegó la gloria!
El Andrew Wiles Building de Oxford.
Nunca un matemático había acaparado tantos titulares en la prensa internacional. Piénsese: un teorema que se intentaba demostrar desde hacía tres siglos y medio y que, sin embargo, tenía un enunciado tan sencillo: si n es un número natural mayor que 3, la ecuación *xn + yn = zn* no tiene ninguna solución en enteros positivos. Wiles trabajó en ello casi ocho años, solo y a menudo en secreto. En el proceso abrió nuevas vías para las matemáticas, desarrollando ideas y técnicas innovadoras.
Andrew Wiles trabaja actualmente en Oxford, en el «Andrew Wiles Building», inaugurado en 2013 y que lleva su nombre.