Desafíos matemáticos para una vida más plena -------------------------------------------------
Tartaglia era maestro de ábaco en Verona a comienzos del siglo XVI. Esta actividad consistía en enseñar matemáticas, pero también en prestar asesoramiento experto en distintos ámbitos, como la contabilidad y la arquitectura, o en realizar levantamientos topográficos. Conscientes de su competencia, muchas personas acudían a él en busca de respuestas a problemas matemáticos, ya fuera por interés o simplemente por curiosidad intelectual.
Algunos, muy hábiles en el arte del cálculo, se complacían en desafiarlo, y Tartaglia disfrutaba respondiendo a esas peticiones. Este tipo de desafíos matemáticos estaba muy en boga a comienzos del Renacimiento italiano; sus reglas imitaban las de los torneos caballerescos. Uno de los protagonistas enviaba varios problemas a su rival, que debía resolverlos en un plazo determinado. Entonces le tocaba a él plantear problemas a su adversario. El vencedor, además de gloria y prestigio, podía cobrar precios elevados por sus clases o sus consejos.
Durante un desafío celebrado en Bolonia, un tal Zuanne de Tonini da Coi propuso a Tartaglia problemas que se reducían a ecuaciones de tercer grado. En aquella época no se conocía la resolución de este tipo de ecuaciones, y las respuestas se buscaban a tientas. Tartaglia era el único que conocía el método de resolución, pero se cuidaba mucho de divulgarlo para aprovechar esa ventaja el mayor tiempo posible. Por supuesto, no tuvo ninguna dificultad para responder y venció con holgura.
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