Las excavaciones arqueológicas permiten recuperar vestigios de la vida cotidiana de los pueblos antiguos, pero también sacar a la luz objetos matemáticos: varillas o dispositivos de recuento más sofisticados, tablillas de cálculo, papiros que transcriben la resolución de algunos problemas, instrumentos de orientación astronómica o de medición terrestre, herramientas para trazados geométricos… Repasemos estos instrumentos matemáticos de la Antigüedad, utilizados desde la Prehistoria hasta el final del Imperio romano, en el año 476 de nuestra era.
El cálculo
Después de la mano, que permite «contar con los dedos», los auxiliares naturales de cálculo más antiguos son las varillas —o cualquier objeto alargado— y los guijarros. Para convertirse en herramientas de cálculo, estos objetos deben moldearse expresamente para representar números. El más antiguo de estos artefactos parece ser el hueso de Lebombo, hallado en 1970 en una cueva situada en la frontera entre Sudáfrica y Suazilandia, y datado hacia 43 000 años antes de nuestra era. Procedente de un peroné de babuino, lleva grabadas veintinueve muescas bien diferenciadas, quizá para servir de calendario lunar.
Algo menos antiguo —unos 20 000 años— es el bastón de Ishango, un pequeño hueso de 10 cm descubierto en 1950 por el arqueólogo belga Jean de Heinzelin de Braucourt cerca del lago Eduardo, en el Congo, y expuesto al público en el Instituto Real de Ciencias Naturales de Bélgica. Algunos interpretan sus incisiones, agrupadas y espaciadas regularmente, como números. Otros ven incluso operaciones, y otros, un calendario lunar; en cualquier caso, este vestigio, todavía poco documentado, ha contribuido a dar a conocer los orígenes de las matemáticas, hasta el punto de que el correo belga reprodujo, en el borde de su sello dedicado al Año de las Matemáticas de 2000, las muescas del hueso de Ishango.