Ya sea adivinando una carta, un número o realizando operaciones asombrosas, el mago recurre siempre a algún truco matemático. Te toca jugar: encuentra el artificio matemático que lleva al mago al éxito.

La carta buscadora

El mago dispone de una baraja de treinta y dos cartas y pide a un espectador S que las baraje y, después, reparta alternativamente las cartas, una a una y boca abajo, en dos montones (que tendrán, por tanto, dieciséis cartas cada uno). El mago invita a S a elegir uno de los dos montones, a cortarlo y a mirar y memorizar la carta superior de uno de sus dos paquetes. La carta se deja en su sitio, boca abajo, y los dos paquetes permanecen separados. Ahora el mago corta el otro montón de dieciséis cartas y da la vuelta a una de las cartas superiores de sus dos paquetes; se ve su valor. A continuación recoge los cuatro paquetes en este orden —sin comentar esta operación—: primero, su paquete cuya carta superior es la carta visible V; después, el paquete del espectador en el que no está la carta que ha elegido; luego, el paquete que tiene arriba —y boca abajo— la carta elegida por S; y, por último, el otro paquete del mago. La carta del espectador queda, por tanto, dieciséis cartas por encima de la carta visible.

Ahora el mago repartirá alternativamente las cartas, una a una, en dos montones (siguen estando boca abajo, salvo su carta visible). Uno de los montones repartidos contendrá la carta visible: se conservará, mientras que el otro montón, cuyas cartas están todas boca abajo, se descartará. En realidad, V permite identificar qué montón hay que utilizar, y el mago declara que V es una carta buscadora de la del espectador.