Antes de que los ordenadores les hicieran una competencia decisiva, los calculadores prodigio fueron muy solicitados para realizar cálculos propiamente astronómicos. También hacían las delicias de las cortes de los poderosos o actuaban en espectáculos. Todos poseían una memoria excepcional. En cambio, la mayoría no tenía cultura matemática alguna. Hay, por supuesto, algunas excepciones, como Euler, Gauss, Riemann, Ramanujan, Erdős o Von Neumann. Gauss corregía las cuentas de su padre ya a los tres años; János Von Neumann calculaba mentalmente más deprisa que Fermi con su regla de cálculo, o que Richard Feynman con su calculadora de sobremesa, ambos premios Nobel de Física. Observemos que todos los matemáticos con grandes capacidades de cálculo se dedicaron al estudio de los números.
Calculadores espectaculares -------------------------------
Se conserva noticia de algunos casos extraordinarios de calculadores, como Thomas Füller, esclavo en Virginia en el siglo 18.º, pero fue con el auge de los circos y espectáculos de toda clase en el siglo 19.º cuando se disparó el número de artistas calculadores.
El primero en hacerse famoso fue Zerah Colburn (1804-1839). ¿Influyó en su talento la peculiaridad familiar de tener seis dedos en cada mano y seis dedos en cada pie? Lo cierto es que, antes de saber leer y contar, conocía las tablas de multiplicar hasta el cien. Su padre, un humilde granjero, vio en ello un don que explotar y lo llevó a las ferias a los seis años. Hay constancia de sus actuaciones desde los ocho años. Podía multiplicar instantáneamente dos números de cuatro cifras y solo empezaba a vacilar a partir de cinco cifras. Preguntado por el producto de 21 734 por 543, dio casi de inmediato la solución: 11 801 562. ¿Cómo? Tras observar que 543 = 3 × 181, multiplicaba primero por 3 y después por 181, lo que era —relativamente— más fácil… Unos mecenas financiaron sus estudios en París y después en Londres. Sin embargo, perdió interés por tales proezas y finalmente regresó a Estados Unidos a los veinte años. A los treinta y cinco murió de neumonía.