Nacido en Escocia en 1550, en una familia de grandes terratenientes, John Neper —forma afrancesada del apellido Napier (para que en Francia pronuncien su nombre como al otro lado del Canal…)—, que salió sin diploma de la Universidad de Saint Andrews, protestante convencido y autor de una obra de teología violentamente antipapista, no era propiamente matemático. Deseoso de facilitar el trabajo de navegantes y astrónomos, y preocupado por la trigonometría esférica, fue autor de una guía para resolver triángulos esféricos y de algunas fórmulas conocidas como analogías de Napier; nada que garantizase pasar a la posteridad. Su fama se debe a la genial intuición de inventar algo que revolucionaría el cálculo: los logaritmos.
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Veinte años de logaritmos ------------------------
Como lo serían después Pierre de Fermat (hacia 1601–1665), Thomas Bayes (hacia 1702–1761) o Gottfried Leibniz (1646–1716), John Neper fue inicialmente un aficionado ilustrado a las matemáticas. Había hecho de esta disciplina no su profesión, sino su pasatiempo predilecto, con la intención de aliviar el trabajo de todos los calculistas.