En 1987, la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo publicó un informe que defendía un enfoque completamente distinto e introdujo la noción de «desarrollo sostenible», definida como «satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas». Sin embargo, fue en la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro (Brasil) en 1992 cuando este concepto cobró verdaderamente cuerpo. La terminología francesa es una traducción del término inglés sustainable developement. Traducir el adjetivo sustainable por «sustentable», como han sugerido algunos, sería un contrasentido. Aquí se emplea con el sentido de «viable y duradero». Es cierto que el adjetivo «durable» resulta algo reductivo frente a la palabra inglesa, pero seguramente es el menos malo: da a entender que no se compromete el futuro y que las posibilidades de desarrollo podrán prolongarse en él. Tanto el adjetivo francés como su equivalente inglés fueron empleados en el siglo XIX por administradores forestales preocupados por realizar una explotación que no comprometiera el futuro. ¡Al menos el vocabulario sí que es duradero!