El juego del solitario es bien conocido: ya se practicaba en la época romana, se difundió por Francia a partir del 16.º siglo y todavía se comercializa hoy en día. Aunque los tableros habituales tienen forma de cruz, este artículo se limitará a la versión unidimensional del juego, en un tablero de n casillas numeradas de 0 a n ‒ 1.
En cada turno, una ficha puede, como en el juego de damas, capturar una ficha vecina si la casilla siguiente está vacía. He aquí un ejemplo de captura en el que la ficha 4 captura la ficha 3 y va a la casilla 2.
Al principio, el tablero está completamente lleno y se puede retirar la ficha que se quiera para empezar a jugar. Después hay que encadenar capturas para terminar con una sola ficha en el tablero. ¿Es posible ganar? Y, si lo es, ¿cómo?
Empecemos por examinar los valores pequeños de n. Para n = 3, se puede ganar retirando la ficha de uno de los extremos, mientras que, si se retira la ficha central, se queda bloqueado.