Los juegos de siembra están extendidos por todo el mundo y existen varios cientos de tipos. Pueden variar por el número de filas de agujeros o cavidades en los que se reparten semillas, pepitas, piedras o conchas, pero todos son juegos de estrategia combinatoria. Por convención, hablaremos de agujeros y de semillas. En estos juegos, cuyo más conocido en Francia es el awélé, los dos jugadores siembran alternativamente las semillas en los agujeros siguiendo una regla muy precisa. Se atribuye al matemático Édouard Lucas (1842‒1891), especialista en pasatiempos matemáticos, la creación de una versión solitaria, el Tchuka Rouma, con numerosas propiedades matemáticas.
Los fundamentos del juego ----------------
El Tchuka rouma se juega con una alineación, o surco, de un número arbitrario de agujeros y un «granero» llamado rouma en uno de los extremos. Al principio, cada agujero contiene el mismo número de semillas. El jugador toma todas las semillas de un agujero y las siembra, una a una, en los agujeros siguientes, avanzando hacia la rouma. Si la última semilla cae en la rouma, continúa; si llega a una casilla no vacía, vuelve a empezar desde ese agujero; pierde si llega a una casilla vacía. El objetivo es reunir el mayor número posible de semillas en la rouma.
El Tchoukaillon es una variante del Tchouka rouma creada en 1977 por la matemática Véronique Gautheron. En este juego, la última semilla repartida en cada jugada debe acabar en la rouma. Se gana si se consigue introducir todas las semillas en la rouma.
Según las reglas, para no perder inmediatamente solo puede elegirse un agujero cuyo número de semillas coincida con el número de su posición respecto de la rouma. Se dice entonces que el agujero es cosechable. Si se representa vectorialmente mediante t(n) una disposición ganadora para n semillas, un agujero es, por tanto, cosechable si *tk(n) = k*.