
En torno al ángulo inscrito
El teorema del ángulo inscrito es uno de los resultados importantes de la geometría euclidiana elemental. Requiere pocas herramientas para su enunciado e incluso para su demostración, y sus consecuencias son numerosas.


El teorema del ángulo inscrito es uno de los resultados importantes de la geometría euclidiana elemental. Requiere pocas herramientas para su enunciado e incluso para su demostración, y sus consecuencias son numerosas.


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El matemático, geógrafo y astrónomo griego Claudio Ptolomeo descubrió, en el siglo II de nuestra era, un teorema sobre los cuadriláteros inscritos en una circunferencia. Su resultado es sin duda mucho menos célebre que el de su compatriota Pitágoras, pero igual de bello.

El teorema llamado «del ángulo inscrito», que sigue formando parte de los conocimientos de cualquier alumno de secundaria, ya era conocido por los geómetras de la Antigüedad. A veces da lugar a aplicaciones insólitas.

En su origen, un sangaku es una tablilla votiva japonesa de madera. A veces lleva grabada una figura geométrica acompañada del enunciado de un problema, de su solución o, en ocasiones, de una indicación.

Algunos resultados matemáticos son tan elocuentes, tan «concretos», que se prestan de maravilla a experimentos físicos. Así, podemos «demostrarlos» de forma material, ¡si contamos con un poco de ingenio! Es el caso del teorema de Pitágoras, de la ley de los cosenos y, en realidad, de la geometría del triángulo.
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