Después de que Terquem, que escribe en 1848 en las Nouvelles annales de mathématiques, haya terminado de exponer el contenido de la memoria, anuncia sin rodeos lo siguiente: «Para variar, terminaremos esta larga exposición con algunas observaciones filológicas que, lo reconocemos, no guardan la menor relación con el tema.» ¡Y se lanza a eruditas consideraciones sobre el significado de una palabra hebrea que aparece en la Biblia! Para volver brevemente a su tema inicial, acaba citando «el comienzo de un salmo para uso de los geómetras: Beatus mathematicus qui procul libris nihil legit ; omnia inveniet», que puede traducirse aproximadamente así: «Bienaventurado el matemático que no se aleja de sus libros: lo encontrará todo.»