Si creemos al filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844‒1900), el número se inventó por miedo a lo incalculable: muy pronto, la razón humana necesitó catalogar los fenómenos naturales y regular la incertidumbre. Ahora bien, por definición, la existencia parece escapar al dominio de la razón. En sentido literal, «existir» es «estar situado más allá de uno mismo», «burlar toda previsión». ¿Cómo pueden las matemáticas dar cuenta de esta realidad? ¿Existe una relación de equivalencia entre los objetos matemáticos y los objetos naturales?
Estas cuestiones están en el centro del proyecto galileano. En L’Essayeur, Galileo propone un modelo de inteligibilidad en el que los símbolos matemáticos y los fenómenos naturales coinciden perfectamente; la cosmología y la experiencia ya no están separadas como lo estaban en el mundo griego. Declara: «La filosofía está escrita en ese inmenso libro que permanece siempre abierto ante nuestros ojos, quiero decir, el universo, pero no se puede comprender si antes no se aplica uno a comprender su lengua y a conocer los caracteres con los que está escrito. Está escrito en lengua matemática y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin los cuales resulta humanamente imposible comprender una sola palabra.»

Galileo Galilei (1564—1642) en la prisión de la Inquisición. Grabado al cobre, Antoine Joseph Chollet, 1825, detalle, a partir de una pintura de Jean Antoine Laurent Le Vieux y un dibujo de Achille Devéria.

El orden de la naturaleza --------------------