Los diccionarios no se equivocan: aunque las definiciones del término «abstracción» difieren entre Robert, Larousse y Hachette, todas remiten al mismo concepto de «puesta de relieve de propiedades generales de una categoría de objetos, por oposición a las particularidades de algunos de ellos». Parece, pues, desprenderse un hecho: podría tratarse de un proceso mental, aunque ninguno de los diccionarios consultados haga referencia explícita al cerebro.
Y, sin embargo, un niño que haya visto diez gatos diferentes reconocerá al undécimo y lo identificará como un gato, aunque no tenga el mismo tamaño, el mismo color ni exactamente la misma forma que todos los anteriores. Resulta difícil imaginar que este proceso de identificación, de abstracción de la noción de «gato», no sea el resultado de una actividad cerebral. Podemos considerar, por tanto, el cerebro el motor de la abstracción, pues desarrolla nuestra capacidad de captar y conceptualizar similitudes y diferencias y conduce así a la representación simbólica de conceptos. Esta capacidad no es exclusiva del ser humano. El japonés Tetsuro Matsuzawa (nacido en 1950), profesor de la Universidad de Kioto, estudia desde hace años a los chimpancés de la República de Guinea en su entorno natural (véase Mathématiques et Biologie, Bibliothèque Tangente 42, 2011). Estos parientes cercanos del ser humano se enfrentan a más de seiscientas especies vegetales, de las que consumen aproximadamente un tercio. De cada especie solo comen determinadas partes —frutos, hojas, tallos jóvenes, brotes o cortezas—, que deben reconocer, pese a que cada árbol y cada planta son diferentes de los demás. La construcción de imágenes mentales, es decir, de abstracciones, es por tanto absolutamente necesaria para su supervivencia. Cabe entonces proponer la definición según la cual la abstracción sería el resultado de una operación de selección de uno o varios elementos de un todo, para considerarlos en sí mismos, mientras que lo concreto remite a la realidad considerada en su totalidad.

Dibujo abstracto. Ettore Sottsass, 1938.

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