Saber que «la función seno es periódica» y saber que «los autobuses londinenses son rojos» movilizan redes cerebrales diferentes. Para el cerebro, las matemáticas constituyen un sistema semántico distinto, independiente del lenguaje natural y arraigado en intuiciones numéricas y espaciales universales.
A menudo se habla de las matemáticas como de un «lenguaje universal». La expresión resulta seductora: al igual que una lengua, las matemáticas utilizan símbolos, obedecen a reglas y permiten expresar una infinidad de ideas. Sin embargo, si se le plantea a un matemático la pregunta «¿piensa usted con palabras?», probablemente responda «no» o «no exactamente».
Los matemáticos evocan más bien imágenes, estructuras, sensaciones de movimiento en un espacio abstracto. Albert Einstein, interrogado en 1943 por el matemático Jacques Hadamard acerca de sus procesos mentales, fue particularmente explícito: «Las palabras o el lenguaje, escrito u oral, no parecen desempeñar el menor papel en el mecanismo de mi pensamiento. Las entidades psíquicas que sirven de elementos a mi pensamiento son ciertos signos o imágenes más o menos claras.»

Dos procesos distintos

Esta célebre introspección no es anecdótica. Apunta a una cuestión fundamental para las neurociencias cognitivas: ¿son las matemáticas y el lenguaje natural, en el cerebro, dos procesos verdaderamente distintos?