París, capital de las matemáticas en tiempos de Cauchy, es también el lugar donde los periódicos se convierten en un elemento esencial del debate público. ¿Quién mejor para dar cuenta de ello que un viajero venido de fuera, que descubre las nuevas costumbres de la sociedad parisina? Ese es el caso de Rifâ’at-Tahtâwî, un joven egipcio miembro de la delegación enviada a Francia por el pachá de Egipto. Residió cinco años en París y de ellos extrajo una obra, L’or de Paris, une relation de voyage (1826-1831), en la que relata los cinco años que pasó observando, escuchando, leyendo, traduciendo e iniciándose en el pensamiento de la Ilustración.

L’or de Paris o cómo visitar la Francia de los años 1826-1831

según Rifâ’at-Tahtâwî.
Es una guía para el viajero, un tratado sobre París y una suerte de «informe de asombros», por emplear la expresión actual. El musulmán describe en él la vida cotidiana, la Constitución y la democracia, el levantamiento de 1830 y la actividad científica y cultural. Descubre los tenedores, los cafés, los espejos… Su descripción del surgimiento de los periódicos resulta particularmente impactante: