«Digital»: más allá de una visión reduccionista
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Inmersión, interactividad, realidad aumentada, inteligencia artificial: conceptos todos ellos destinados a trastocar las relaciones tradicionales entre el artista y su público, así como la propia noción de obra de arte.
Si nos atenemos a estas definiciones, que hoy ponen de relieve casi todas las comunicaciones dedicadas al arte digital, la ruptura con las artes tradicionales parece, pues, consumada.
El teórico francés y pionero de las artes digitales Edmond Couchot (1932 — 2020) no dudó en escribir: «El “arte por ordenador” (de los años 1960) pertenece ya al pasado. La era de los pioneros ha terminado.»
Sin embargo, ¿por qué destacar solo la interactividad y olvidar que la espectacular evolución de la potencia de los ordenadores les confiere también una capacidad insólita para generar complejidad, de la que precisamente deben saber sacar provecho hoy los sucesores de los «pioneros», aunque «interactividad» y «generación digital de formas muy complejas» resulten a primera vista antinómicas?