Con tales pesos, en realidad, no se oiría nada especialmente armonioso: deberían ser de 1, 4, 9 y 16 para obtener la octava (duplicación de la frecuencia fundamental), la quinta (cuya relación con la frecuencia fundamental es de 2 a 3, es decir, 1,5) y la cuarta (cuya relación con la frecuencia fundamental es de 4 a 3). En efecto, la frecuencia de una cuerda vibrante de cuyo extremo cuelga una masa es proporcional a la raíz cuadrada de la masa (y no a la propia masa, como se creía en todos esos textos antiguos). En el 17
.º siglo, Huygens, muy interesado en la música, corrigió precisamente los pesos de este modo (véanse las
Œuvres complètes de Christiaan Huygens, Société hollandaise des sciences, 1937, tomo XIX, y
les Représentations de la propagation du son d’Aristote à l’Encyclopédie,
tesis doctoral de François Baskevitch, 2008). Aunque el experimento relatado por los historiadores y matemáticos antiguos no es exacto, todos describen un método iterativo que permite definir una escala musical de doce notas, la
escala pitagórica, utilizada quizá no directamente por Pitágoras, sino más bien por discípulos de la escuela pitagórica, Arquitas y Filolao, y que siguió siendo la escala común de todos los músicos hasta la aparición de la escala temperada en la era barroca.